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El lado luminoso de la frustración: un camino de aceptación y resiliencia

por editor | Jun 30, 2025 | Notas, Notas destacadas

La frustración aparece en diferentes momentos de nuestra vida. Y, aunque no parezca, en ocasiones puede ser muy positiva. Cómo convertir los desafíos en aprendizajes, hacernos más resilientes y poner a jugar la creatividad.

POR Paz Berri

7 de abril de 2025

Fuente: Sophia

No nos sale la propuesta laboral que tanto esperábamos. Nos da negativo el test de embarazo. Nuestro hijo viene con malas notas del colegio. Una amiga nos falla. Se cae la posibilidad de mudarnos. El viaje se cancela. Nos enfermamos el día de la fiesta y no podemos ir. No conseguimos el aumento de sueldo.

Día a día nos enfrentamos con situaciones que no estaban previstas y nos obligan a desechar proyectos, ideas y ganas. Es ahí donde surge esta emoción tan molesta como —muchas veces— motivadora: la frustración. Porque las cosas no salen como pensábamos, porque los planes se truncan, porque los deseos se opacan. Y si bien sabemos que de eso se trata la vida, no siempre es tan fácil de aceptar.

“La frustración es una respuesta emocional que surge cuando las personas no pueden concretar una meta deseada. Aquí es posible experimentar sensaciones como enojo/decepción con uno mismo o con el entorno, ansiedad y tristeza, o impotencia y autocastigo porque los esfuerzos no dieron el resultado esperado”, explica el psicólogo Alexis Alderete, especialista en trastornos de ansiedad.

¿Cómo nos damos cuenta de que estamos frustrados? Analía Tarasiewicz, psicóloga del trabajo, coach y consultora, dice que debemos saber que hay ciertos patrones de pensamiento, emociones y acciones que se dan frente a un hecho que nos hace sentir así. “Sugiero observar cómo reacciona el cuerpo (tensión muscular, respiración agitada) y la mente (pensamientos recurrentes sobre el obstáculo, rigidez cognitiva), y cómo accionamos (gritos, correr, evadir, llorar, por ejemplo). Identificar estas señales es el primer paso para reconocer y gestionar la frustración”, señala.

Los especialistas sostienen que en general, las situaciones que más nos frustran a los adultos tienen que ver con el ámbito laboral (cuando no conseguimos el ascenso que tanto ansiábamos o no se nos reconoce el esfuerzo diario), las relaciones con los demás (cuando las personas no responden según las expectativas que teníamos), la gestión del tiempo y lo que hacemos con él (cuando pasan los días y semanas y no avanzamos como esperábamos en planes o proyectos), el aprendizaje de nuevas habilidades (debido a la poca paciencia que hay hoy en día para tolerar un proceso de aprendizaje), el amor no correspondido y los problemas económicos.

Está claro: la frustración se da cuando la expectativa no corresponde con la realidad. La clave tal vez esté en que podamos darle lugar a ese sentir, pero al mismo tiempo tengamos la capacidad de buscar otras salidas. Seguramente haya que volver a mirar, una y otra vez.

¿Por qué me frustro?

Se habla cada vez más de la poca tolerancia a la frustración que existe hoy en día debido a la alta exposición a las redes sociales y la inmediatez que nos propone la tecnología, donde la espera no es una opción. Se busca constantemente la gratificación instantánea, todo es para “ya”. Pero la vida es lenta. Requiere de procesos y tiempos de espera. Y esto lleva a que las dificultades y “tiempos muertos” cotidianos, nos desilusionen cada vez más rápido, nos bloqueen y en algún punto nos hagan sentir que fracasamos.

“La poca tolerancia a la frustración depende de varios factores, pero principalmente de la historia de cada uno: quienes han enfrentado desafíos y han tenido que resolver problemas desde chicos tienen mayor capacidad de resiliencia y ven el mundo desde una perspectiva más optimista, donde los retos que se les van presentando son oportunidades para aplicar lo que se fue aprendiendo en la vida”, dice Alderete.

La personalidad es otra de las causas. “Las personalidades más autoexigentes o con expectativas poco realistas, generan frustración crónica”, sostiene Tarasiewicz. Y subraya: “Hay que trabajar en la calibración de expectativas a través de la ‘evaluación progresiva del logro’, donde se valoran avances y no sólo resultados finales. Disfrutar el camino nos ayuda a ver el bosque y no sólo a contar árboles. Quienes aún tienen una visión resultadista son los que más vemos con burnout, baja autoestima y problemas para comprender los avances de esta nueva era”.

Es importante saber que si la frustración no se gestiona de manera correcta puede tener consecuencias negativas, como llenarnos de miedo al momento de afrontar nuevos desafíos para evitar el fracaso, hacer que tengamos poca confianza en nosotros mismos o establezcamos relaciones interpersonales conflictivas (cuando uno no sabe gestionar de manera adecuada la frustración empieza a actuar de manera impulsiva y tener reacciones poco asertivas con los demás). Además, puede generar desmotivación, ansiedad y estrés.

Es por eso que mientras más flexibilidad mental tengamos para aceptar la realidad, adaptarnos y resolver lo que estamos atravesando, mejor será el resultado: “La flexibilidad cognitiva es un elemento fundamental aquí. La clave está en aprender a reformular expectativas y desafiar creencias limitantes para reducir la intensidad de la frustración. También comprender que no somos perfectos, y que necesitamos seguir evolucionando psico-emocionalmente para sentirnos balanceados. Esto no es un pecado, es la vida misma que a veces es difícil de afrontar para muchos”, opina Tarasiewicz.

Al otro lado de la orilla

“No vemos las cosas como son sino como somos”, dice una frase de Jiddu Krishnamurti, pensador y maestro religioso nacido en India. Así, cuando algo no sale como esperábamos, podemos paralizarnos, enojarnos y desmotivarnos, o salir a buscar nuevos caminos, para convertir los momentos difíciles en oportunidades de crecimiento, cambio y aprendizaje. La clave está en el lente con el que miramos la vida. El vaso medio lleno o medio vacío.

En el ámbito de la psicología, este proceso se conoce con el nombre de “frustración óptima”, un término acuñado en 1971 por el psicoanalista estadounidense Heinz Kohut. “La ‘frustración óptima’ es el nivel adecuado de frustración que motiva a la acción sin generar un bloqueo emocional. En adultos, se traduce en la capacidad de sostener la motivación pese a los obstáculos”, comenta Tarasiewicz.

En este sentido, Alderete destaca que cuando se aprende a gestionar la frustración, ésta puede tener un impacto positivo para la vida de las personas, porque fortalece la cualidad de resiliencia (mientras más desafíos atravesemos, más podremos aprender a superar dificultades), mejora la capacidad de aprendizaje y de resolver situaciones, ya que se encuentran nuevas salidas a escenarios que antes generaban estrés.

Además, el especialista explica cómo la autocompasión (disposición que tenemos para tratarnos de manera amable en momentos difíciles) puede ayudarnos a trabajar la frustración. “Es importante dejar de auto-castigarnos, ya que el autocastigo no aporta nada a la obtención de buenos resultados. Aprender que los errores son parte de la vida y del proceso de aprendizaje es fundamental. Se puede aprender mucho más de las situaciones que no salieron de la manera que uno esperaba, que de aquellos momentos que se han resuelto de manera exitosa”, sintetiza Alderete.

Por su parte, Tarasiewicz suma que aceptar lo que no podemos controlar nos permite enfocarnos en lo que sí podemos modificar. “Recomiendo prácticas como la meditación, la respiración y la reflexión profunda. Además, empezar a reformular expectativas (adaptar objetivos a la realidad), fortalecer la paciencia (trabajar en la tolerancia a la demora en los resultados), desarrollar estrategias de afrontamiento (respeto por los tiempos y procesos propios), buscar apoyo (compartir emociones con redes de contención o con un profesional), y aprender del error (enfocar los fracasos como aprendizajes)”.

Sin dudas, comenzar a gestionar las incomodidades que nos trae la vida tantas veces, puede ser uno de los secretos para volvernos más perseverantes, resilientes y creativos. Entonces, frente a la adversidad, en lugar de rendirnos, podemos preguntarnos ¿qué puedo aprender de esta situación? Hay muchas cosas que están fuera de nuestro control, no siempre podemos con todo. Y eso también está bien.


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